Una tarde, caminando junto a mis amigos, vi un perrito chato de cara con rasgos muy divertidos y sentí algo que no supe nombrar. Meses después, tras una recomendación insistente, recorrí una aventura hasta el norte de Ecuador para encontrarme por primera vez con Stitcha.
Escalamos, comimos, corrimos, volamos, ganamos, perdimos, farandulamos, inspiramos, bailamos, reímos, lloramos, conquistamos, meditamos, roncamos. En resumen: mucho amor.
Esta es mi primera escultura tallada en el mismo material que usó nuestro gran Miguel Ángel. Un pequeño homenaje a mi Stitcha Cuántica.
Un pensador, tan encerrado en su propia mente que ha dejado de tocar el mundo, es alcanzado por una chica que lo hace volver a la tierra.
Aquí va el cuento completo cuando lo tengas listo — puede ser tan largo como quieras, este espacio crece con el texto.